Jujuy: una tierra de colores milenarios enmarca el paso del #ArgentinaDakar

A lo largo de las rutas y caminos que se abren en Jujuy, la naturaleza colorida se combina con el legado ancestral de los pueblos originarios y la increíble diversidad de sus músicas, danzas y celebraciones.

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Jujuy recibe al Dakar en una nueva etapa de la competencia que recorre el corazón del norte argentino. En los senderos y pueblos que nos aguardan, acompaña siempre desde el camino una particular combinación de naturaleza y vivencia: la magia de los más grandes cactus y cardones, los arbustos de particular austeridad, la tierra rojiza y el profundo saber milenario nos esperan como inolvidables huellas para dejarnos invadir por una experiencia inolvidable.

En la zona de la Quebrada de Humahuaca, declarada patrimonio de la humanidad, hay muchos pueblos para conocer. Maimará, que significa “estrella que cae”, es una de esas tierras, de intensos colores, de sencillas calles e imponente paisaje. Allí podremos realizar cabalgatas, caminar durante las mañanas y acercarnos al mágico cerro Paleta del Pintor, conocido en el mundo por su increíble diseño natural de intensas mezclas rojizas y blancas, con muchos matices intermedios que pueden apreciarse desde lo alto.

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Si buscamos las huellas de los antepasados caminantes, de las formas de vida que caracterizaban la zona en los tiempos antiguos, la Posta de Hornillos es un punto ineludible en Maimará. Se trata de una antigua posta que permitía el paso hacia las tierras del Alto Perú donde podremos adentrarnos en las historias del pasado, en el origen de las postas y en los colores y las formas de la ancestral cultura del norte argentino.

En Purmamarca, los recorridos pueden alternarse con una increíble paz, enmarcada por el imponente Cerro de los Siete Colores, al que se puede acceder con una caminata desde las calles que nacen en la ruta de acceso. La feria de artesanos de Purmamarca, guarda diseños de entrañable combinación: tejidos confeccionados a mano, vasijas de cerámica torneadas, canastos de mimbre, sombreros de hilo. Las manos de los artesanos de la región producen objetos de una belleza simple y profunda, parte del legado cultural de toda la quebrada.

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Muchas de las callecitas de los pueblos de la zona se vuelven postales por sus casas hechas de barro, con técnicas ancestrales, resistentes al sol y al calor, surgidas del corazón de la tierra y la puna. En ellas tendremos antiguos almacenes para comprar dulces de azúcar de caña, frutas y deliciosas limonadas, una bebida sagrada que se utiliza, volcada en la tierra, para honrar año a año la abundancia de la pachamama, la diosa de la tierra.

En verano, el rito del desentierro del carnaval puede seguirse pueblo a pueblo, en toda la quebrada, en una de las celebraciones más alegres y diversas, al ritmo de las sonoridades y acordes de las quenas, sikus y bagualas. Las distintas caminatas y peregrinaciones de los hombres y mujeres de cada pueblo en tiempos de carnaval pueden realizarse en compañía de entrañables símbolos que se comparten y se llevan durante los recorridos: esculturas de santos, artesanías en madera con figuras femeninas que celebran a la pachamama y ricas canastas con frutas y bebidas, son parte de un ritual inolvidable y una vivencia profunda que podremos compartir en la bella tierra jujeña, al tiempo en que apreciamos las danzas y celebraciones más tradicionales de la región.

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Los sabores en Jujuy se combinan con el colorido perfume de los vegetales frescos y la sabrosa carne cocida. El maíz, la mandioca, la humita a las brasas y el guisado de llama son parte de los manjares más elegidos en este rincón del mundo, ideales para maridar con deliciosos vinos de uva dulce o frescas cervezas artesanales. El asado y las empanadas fritas son clásicos platos para disfrutar con guarniciones de arroz y papas. En algunos patios gastronómicos de La Quiaca se sirve la carne combinada con salsas agridulces, que incluyen distintas variedades de tomates, choclos, palta y maní. Durante las tardes calurosas, las frutas son ideales compañeras para las caminatas bajo el sol. La dulzura de las naranjas y el jugo de los mangos, frutas abundantes en las verdulerías y almacenes sobre todo en la zona de La Quiaca y San Salvador de Jujuy, no se pueden dejar de probar si se busca encontrar parte de los secretos más sabrosos y naturales de Jujuy.